miércoles, 26 de marzo de 2014

La vida de Adéle Reseña

                                         
Garchemos y después hablamos
Después de su mención por internet, “La vie d'Adele” la esperé un largo rato (A pesar de que me tomé mi tiempo para verla una vez que la descargué)
Basada en la novela gráfica de Julie Maroh esta película ilustra la vida de Adéle, una jovencita que de a poco va descubriendo sus gustos lésbicos. Pronto se enamorará de una enigmática chica de pelo azul (Emma) que le encanta el arte, y ambas entablaran una relación amorosa. De ahí en adelante la película mostrará de que manera Adele descubre el amor con esta nueva pareja inesperada.

Si bien la película no me desagradó, tampoco diré que fue de mi mayor gusto. Para algo tan aclamado por el publico, me esperaba algo mejor que esto. Ha tenido muy buenas críticas, pero personalmente temo decir que esta película no fue de las mejores que he visto. La película me entretuvo bastante (incluso en las partes tediosas) pero hay un momento que uno empieza a notar escenas innecesarias que hicieron que la película durara tres horas exactas...sí, tres horas…no se cómo,  la película me atrapó, pero en un punto ya la veía más por los personajes que por la historia, a pesar de que Adele me parecía un personaje muy idiota en muchas ocasiones. Aun así uno disfruta de las escenas tranquilas y de los diálogos…pero también hay escenas que están de más…especialmente las escenas de sexo.

Las escenas de sexo eran necesarias en la película para mostrar como Adele explora su sexualidad…pero con una o dos escenitas de 2 minutos cada una, bastaba y sobraba. La película mostró mas de 3 escenas que duraban como 10 minutos cada una…así es, se te va media hora de película viendo como dos chicas tienen sexo, y debo decir que el director debe haber rebuscado todas las poses lésbicas posibles porque las chicas se garcharon y chupetearon el kamasutra entero sin necesidad de fingir nada, lo hicieron de manera explícita, tan explícita que se torna muy innecesario en la película.  Aún así la película tiene sus puntos fuertes y logró cautivarme (a pesar de tanto sexo). La escena final está bien armada (a pesar de que no le capté el sentido en el momento preciso).

En resumen, la película me mostró una protagonista muy conflictuada personalmente que vive un romance amoroso (ah, y lésbico). Si bien hay partes que están de más la película te logra entretener en los momentos precisos. Si algo que le voy a dar muy negativo a esta película definitivamente es la media hora de sexo innecesario (ya no sabía si llorar o hacerme una paja con la película) después el resto lo disfruté, pero repito, no fue la gran película del año, me gustó pero no me generó nada que no me haya generado ninguna otra película.

jueves, 20 de marzo de 2014

Wrong (2012) Reseña

                                                                  
¿Donde está mi perro?
En mi intento desesperado por ver algo distinto (lo que sea) me encontré con una propuesta algo inesperada. Ya había visto la desopilante “Rubber” de Quentin Dupieux, pero no había intentado explorar más de él. En mi nostalgia de cuanto disfrute con Rubber busqué su filmografía y me encontré con su segunda obra prima: Wrong.
Apenas vi el tráiler me di cuenta de que no era algo normal lo que vería, y eso me dio más ganas de verla. Debo decir que no es normal en absoluto.
Desde el momento que empieza la película al ver como un reloj que marca 7:59 y pasa a marcar 7:60 uno ya presupone con qué clase de película se encontrará. Para los que crean que verán una película de humor absurdo al estilo Scary Movie les pediré que renuncien a esta mentalidad, tanto para los que la quieran ver por esto como los que decidan rechazarla de antemano.
Quentin Dupieux nos presenta una vez más un mundo desequilibrado, donde lo absurdo abunda en lo cotidiano, y en donde los personajes se acostumbran a ello. Con esta locura Dupieux no busca generar un humor con remate, más bien un signo de admiración por parte el espectador que ante tanta locura no podrá parar de verla.



Wrong nos presenta a Dolph Springer, un hombre que en la tranquilidad de su
hogar se da cuenta que su perro ha desaparecido. La búsqueda de Dolph lo llevará hasta incluso intentar comunicarse telepáticamente con el canino. Lo más interesante es ver el mundo donde Dolph se desenvuelve, (cómo por ejemplo su oficina donde siempre llueve) y las situaciones que si bien los personajes parecieran notar la anormalidad de lo que pasa no les interesan preocuparse en eso, los ignoran por completo. Personalmente debo decir que es una película distinta y la recomiendo, pero repito que no la vean a menos que estén preparados para lo que tengan que ver. La advertencia ya está hecha.



                        

miércoles, 19 de marzo de 2014

El loco y el vaquero

Un cuento viejo que tengo de hace rato...

Cerca de mi barrio había una vieja casa por la que nadie se atrevía a cruzar. ¿La razón? El dueño estaba completamente loco. Yo no entendía por qué, estando él tan chiflado, el manicomio o el asilo no se lo habían llevado ya. El hombre era muy viejo y la gente vivía inventando rumores sobre él. El más famoso era que el tipo estaba tan demente que ni siquiera el manicomio lo aceptaría.
Mi madre me vivía advirtiendo que no cruzara por el frente de esa casa, pero las vueltas de la vida son imprevistas y tarde o temprano terminaría pasando por ahí.
Un martes tenía que entregarle algo a un amigo cuya casa quedaba muy cerca de la del viejo, y para llegar hasta ahí primero debía caminar por la vereda que mi madre me había prohibido. Unos metros antes de llegar vi que el viejo estaba sentado en el jardín del frente, con cara indecisa; estuve dando vueltas durante casi media hora, yendo hasta la esquina y volviendo después a verificar si el viejo se había decidido a entrar a su casa. Pero seguía ahí, de modo que me decidí a pasar. Apreté los puños, inflé el pecho y empecé a caminar. Todo estaba yendo bien hasta que él me llamó.
Che, pibe —me gritó, a lo que obviamente puse mi mejor cara de poker, me hice el sordo y aceleré el paso.
Che, pibe —me volvió a gritar.
Seguí avanzando, como si nada.
¿No viste al vaquero? —me preguntó, y entonces recordé las advertencias de mi madre. Pero me detuve: era un curioso compulsivo y la pregunta del viejo loco me había quedado retumbando en la cabeza. La duda me carcomía por dentro, no podía soportarla.
Me volví hacia él y le pregunté, también como si nada:
¿El vaquero, señor?
Sí, sí, sí… —me respondió muy excitado—, un vaquero alto con un pequeño revólver. Tiene una cicatriz en la mejilla.
Mmm, no señor, no he visto a ningún vaquero, ¿por qué?
Hoy es martes, y se supone que los martes viene dispuesto a matarme.
¿A matarlo?
Sí, sí, mirá, vení —me dijo, y un segundo después se levantó y entró velozmente a su casa.
Me quedé indeciso un rato. Agarré una tabla de madera que alguien había dejado junto a un canasto de basura y caminé hasta la entrada de la casa. Al llegar a la puerta alcé la tabla como si fuera el arma más mortal del mundo. De repente, el viejo apareció de nuevo, dándome un gran susto.
Mirá, mirá —dijo, mientras sostenía una pequeña cajita de cartón decorada en sus manos.
¿Qué pasa con esa caja, señor? —le pregunté.
Hay fantasmas en esta casa.
¿Disculpe? —dije, y no pude evitar que una pequeña sonrisa de confusión se dibujara en mi cara.
Ellos me lo explicaron todo. El mundo está en peligro y la única manera de salvarlo es abriendo esta cajita todos los martes.
¿¡Qué!? —exclamé. Su locura ya me estaba dando miedo.
Sí, sí, pero la única consecuencia que tiene abrir esta caja es que se escapa la anaconda que está encerrada dentro.
¿Cómo dijo?
La anaconda mide como 50 metros.
Disculpe, señor, pero una anaconda tan grande no podría caber en esa cajita.
Claro que sí. Y cuando sale aparece el vaquero dispuesto a batallar contra ella. Pero él también intenta matarme a mí, ya que no le agrada que la suelte. El problema es que él no comprende que yo abro esta caja para mantener a salvo al mundo durante una semana más.
No me diga, ¿en serio? —pregunté, teniendo más confianza con el tipo.
Ja, pues claro que sí. Recuerdo perfectamente el día que los fantasmas vinieron y me explicaron cómo esta cajita mantendría el mundo a salvo de la extinción.
Y así fue como pasé todo el día escuchando a ese viejo chiflado.
Durante un par de meses me acostumbré a visitarlo para escuchar su intrincada historia de fantasmas, una caja que salvaba al mundo y la incansable lucha entre un vaquero del oeste y una anaconda mutante. La mayoría de los relatos pasaban por cómo el vaquero trataba de matarlo por haber liberado a la anaconda.
Pero un día, al llegar a su casa, encontré una ambulancia del asilo estacionada frente a su jardín. Parecía que ya se habían decidido a hacerse cargo de él. Desde entonces fui conocido en el asilo como el chico que iba a visitar al viejo más loco y solitario de todos. Pero con el paso de las semanas empecé a notar que algo no andaba bien.
Hoy abrí la cajita… —me dijo uno de esos días en que fui a visitarlo—, y no salió la anaconda, y el vaquero no apareció.
Poco a poco fui descubriendo que él no era el mismo, su locura no era la misma. A medida que perdía su creatividad, también perdía su salud. Durante el último tiempo sólo fui a visitarlo por lástima, y así fue por el resto de los días.
La última vez que lo vi ya sabía que él no sobreviviría mucho más. Estaba recostado en la cama, sin muchos ánimos, y sostenía la cajita entre sus manos.
¿Cómo se encuentra hoy? —le pregunté modestamente. Alzó la vista hacia mí, los ojos vidriosos, como perdidos, y pude ver que estaba a punto de llorar.
Ya es martes —dijo—, no ha salido la anaconda de aquí, ni tampoco ha venido el vaquero.
Entonces me di cuenta de que ese asilo le había quitado la única compañía que él había conservado a lo largo de todos esos años: su locura.
Un momento —le dije, quitándole la cajita de las manos.
¿Qué pasa, muchacho?
¡No puede ser! —grité.
¿Qué? ¿Qué? —empezó a preguntar él nerviosamente.
Se trajo la caja equivocada, señor. Esta no es la cajita correcta.
¿Qué? Imposible —exclamó éste.
Le digo que es cierto.
Oh, dios… ¿Cómo está el mundo? ¿Cómo está?
Miré por la ventana el soleado día y fingiendo lo más que pude, le contesté:
Hecho un caos.
Oh, dios, tal vez no sea demasiado tarde. Ve a mi casa, muchacho; ve y tráeme la verdadera cajita.
Salí corriendo y di dos vueltas a la manzana, para volver después al asilo con la misma cajita.
¡Acá está señor, acá está! —le grité exaltado.
El viejo, sin perder el tiempo, abrió la cajita y alzó la vista hacia el techo con los ojos como plato.
¿Qué sucede? —le pregunté.
Es la anaconda, muchacho, ten cuidado que no te…
El viejo no llegó a terminar la frase y miró rápidamente hacia la puerta de la habitación. Lo miré como esperando una respuesta.
¡Es el vaquero! —dijo él, completamente maravillado—. Agáchate —me susurró—, que la pelea contra la anaconda se pone fea.
Le seguí el juego mientras él miraba hacia todos los rincones de la habitación. Al cabo de unos minutos, dijo:
Ya pasó, muchacho… ya pasó.
Lo hizo, señor: salvó al mundo otra semana más —le dije.
Sí, pero no creo que pueda seguir haciéndolo. Mira —me dijo, llevando la vista hacia uno de los rincones de la habitación—, mira la cara que tiene el vaquero.
¿Está enojado? —le pregunté.
Muy enojado. Creo que esta vez no piensa perdonarme por lo de la anaconda: esta vez me piensa matar.
No sé qué me pasó, pero de alguna manera me desesperé.
No diga eso, señor, el vaquero no lo matará.
No, muchacho, no… Es hora de hacerme cargo de todos los problemas que le causé a este tipo.
Se estaba despidiendo. Me di cuenta de que se estaba despidiendo y como un tonto no pude evitar ponerme a llorar.
Ten, muchacho —me dijo, colocando la cajita en mis manos—, tendrás que hacerte cargo tú de abrirla todos los martes.
Lo haré —dije, aún con lágrimas en los ojos.
Acuérdate: todos los martes. Y ten cuidado con el vaquero.
Lo tendré.
Y así como así, murió. Murió como un loco, tal y como debía ser. Salí del cuarto y con un simple movimiento de mi cabeza en dirección a la habitación le hice entender a una asistente del asilo que él había muerto.
Ya han pasado muchos años desde ese entonces, y llámenme loco, o anticuado, pero hasta la fecha aún continúo abriendo la cajita todos los martes, para mantener a salvo al mundo  una semana más.
                                                               Ledesma Juan Manuel

20 de Marzo de 2014




Me acabo de hacer un blog y no se que hacer con él... supongo que igual mucho que hacer no hay, si tenemos en cuenta el hecho de que estoy al RE PEDO diré que este blog lo hago solo para pasar el rato... tal vez publicar algunos escritos míos o algo así...